Los beneficios del sol para el sistema inmunitario

Además de ser una fuente de energía y ayudar a nuestros huesos, los rayos del sol ayudan a nuestro sistema inmunitario a responder ante los microorganismos que lo atacan.

La estructura de nuestro cuerpo, lo que nos mantiene en pie y protege nuestros órganos, el sistema óseo, depende de la vitamina D. Ayuda a nuestro cuerpo a absorber el calcio y mantener la mineralización ósea. Esto impide que, con la edad, suframos osteoporosis y las fracturas asociadas a esta enfermedad.

Pero ¿de dónde viene la vitamina D? Del sol. Nuestro propio cuerpo sintetiza esta vitamina al exponer la piel al sol. Bastan 15 minutos, tres días a la semana para mantener los niveles correctos de esta vitamina. También hay alimentos que nos la proporcionan –huevo, queso, champiñones…- pero el contacto con los rayos solares es una buena fábrica de este “protector.

 Este no es el único efecto beneficioso del sol. Los rayos solares son un motor para nuestro sistema inmunitario. La luz del sol aporta energía a las células T, fundamentales en la inmunidad de las personas. Estas células blancas participan en la respuesta inmunitaria celular y acuden allá donde hay un ataque al organismo.

Un estudio de la Universidad de Geogetown, en 2016, revelaba cómo bajos niveles de luz azul, que se encuentra en los rayos del sol, hace que las células T se muevan más rápido al sintetizar mejor el peróxido de hidrógeno. Este compuesto es liberado por los glóbulos blancos cuando detectan una infección. Su función es matar bacterias y llamar a las células del sistema inmune para responder a la infección. Con la acción del sol, los linfocitos T pueden llegar más rápido a su objetivo.

Pero ¿Cómo llega el sol a los linfocitos T? Nuestra piel –la dermis- tiene gran cantidad de células T de nuestro organismo y la luz, al penetrar en esta capa, puede favorecer que las células se muevan por todo el cuerpo.

Los daños invisibles de la luz solar, fotoinmunosupresión y cómo evitarla

Igual que tiene efectos beneficiosos innegables, los rayos del sol también pueden afectar a nuestro sistema inmunitario. La piel es la primera barrera de defensa de nuestro organismo y sus células pueden verse dañadas por la radiación solar. El sistema inmunológico se debilita provocando una saturación de sus mecanismos de defensa.

Estos daños afectan al ADN de las células. En este sentido, cada hora de exposición al sol cuenta para incrementar el riesgo de infecciones de la piel, fotodermatosis, enfermedades crónicas inflamatorias e incluso lesiones neoplásicas.

Por las consecuencias que tiene la luz solar sobre nuestro sistema inune, se habla de fotoinmunosupresión.

Por el contrario, lo que tenemos que aplicar en verano son medidas de fotoprotección. Los protectores solares son una buena barrera que penetra en los poros de la piel –tenemos una media de 5 millones de poros en todo el cuerpo – y convierte los rayos solares que absorben en calor y liberándolos del cuerpo. Podríamos decir que hacen que los rayos UV “reboten”.

Las cremas solares pueden estar compuestas por filtros químicos y por filtros minerales. Los primeros están regulados para evitar que una cantidad excesiva entre en nuestro torrente sanguíneo. Los segundos, se consideran seguros cuando las partículas son mayores de 30 nanómetros, así se evita su penetración en la piel. Por eso, las cremas solares con filtros minerales son las más recomendadas para proteger nuestra salud de manera global.

LA EXPOSICIÓN AL SOL. RIESGOS Y TRATAMIENTO. Lee el artículo

 

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