Claves para retrasar el envejecimiento

envejecimiento activo

La Organización Mundial de la Salud define el envejecimiento como la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares que llevan a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales y a un aumento del riesgo de enfermedad. Esto es así pero ¿podemos pasar este periodo de la mejor forma posible? Aunque no podemos evitar el envejecimiento fisiológico, sí podemos combatir el envejecimiento patológico.

Que la prevención y los hábitos saludables son la mejor forma de mantener alejadas las enfermedades, es una idea extendida. Si bien no podemos garantizar que se pueda conservar la salud ya que hay factores que no controlamos (como la genética o los factores ambientales), unos buenos hábitos pueden hacer nuestro envejecimiento más saludable y prepararnos para afrontar mejor las enfermedades.

Las patologías más comunes de la vejez están relacionadas con la pérdida de audición o las cataratas, los dolores de espalda y cuello, la osteoartritis, la diabetes, la depresión y la demencia y las neumopatías. Una sola persona puede experimentar varias de estas afecciones al mismo tiempo y es importante, no sólo el tratamiento médico, sino el entorno en el que viven las personas mayores.

En cualquier caso, podemos contemplar unas pautas que pueden seguir las personas adultas sanas para vivir plenamente los últimos años de vida.

 

Mantén el equilibrio de tu flora intestinal

Los microorganismos de la microbiota intestinal cambian en la vejez y los bacteroides, lactobacilos o bifidobacterias dan paso a las enterobacterias o el clostridium perfringens, responsables de las enfermedades infecciosas cuando el sistema inmunitario está debilitado.

Los cambios alimentarios, el sedentarismo o las alteraciones en la función intestinal asociadas a la edad pueden estar provocando este desequilibrio en la microbiota, aunque también se asocian a alteraciones concretas como las intolerancias alimentarias o el estrés y a patologías como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer colonrrectal o la hipertensión.

¿Qué podemos hacer para compensar la alteración en los microorganismos del intestino? Los alimentos probióticos estimulan el crecimiento de bacterias beneficiosas y los probióticos contienen estos organismos vivos. Aunque no se sabe todo sobre ellos, sí se está investigando cómo conoce exactamente cómo estos alimentos ayudan, sí que se está profundizando en las “vías de señalización por las que se promueven los efectos beneficiosos de estos alimentos, lo que facilitaría su uso más adecuado para regular trastornos relacionados con el sistema inmunitario”, explica el investigador Eduardo Arranz, responsable del Laboratorio de Inmunología de las Mucosas del IBGM.

Además, se ha descubierto cómo una disfunción del sistema inmunológico puede afectar a una bacteria intestinal que produce especies reactivas de oxígeno que dañan las células y generan muchas patologías relacionadas con la edad. La investigación liderada por Igor Iatsenko, científico del Laboratorio Bruno Lemaitre del Global Health Institute de la Escuela Politécnica Superior de Lausana (EPFL) ha identificado “un miembro específico de la microbiota y su metabolito que puede influir en el envejecimiento en el organismo huésped”, explica Iatsenko quien reconoce que “se necesita una mejor comprensión de las interacciones metabólicas microbiano y huésped durante el envejecimiento para desarrollar estrategias contra las patologías asociadas con la edad”.

 

Controla tu alimentación

En la vejez se producen alteraciones estructurales y funcionales en los tejidos del organismo y la consecuencia es que metabolizamos de forma diferente los alimentos, podemos presentar problemas de deglución y menor sensibilidad en las papilas gustativas entre otros. Además, a partir de los 70 años consumimos menos energía por lo que la ingesta de alimentos debe reducirse.

Es fundamental priorizar los nutrientes fundamentales como el calcio o la vitamina D, teniendo en cuenta que en esta edad es más habitual la intolerancia a la lactosa. Encontramos el calcio en alimentos como el queso, las almendras y las avellanas, las sardinas en aceite, el yogur, los langostinos y las almejas, los garbanzos o las judías blancas, entre otros. La vitamina D está presente en los pescados grasos y en la yema de los huevos.

Por otra parte, la ingesta de fruta, verdura y legumbres contribuyen a mantener la hidratación y la función intestinal. Además, el aceite de oliva o los frutos secos pueden aumentar el aporte de energía sin incrementar el volumen de alimentos consumidos.

Es importante también mantener fuerte el sistema inmunitario a través de la alimentación con vitaminas A, B, C y E.

Además de estas pautas generales, en Biosalud tenemos en cuenta las necesidades nutricionales según el ADN de cada persona de manera que puedan suplirse las carencias que se presenten en cada caso.

El deporte como terapia

El ejercicio físico retrasa el envejecimiento. Esta afirmación tiene una base científica y está relacionada directamente con la coenzima Q10, uno de los parámetros sanguíneos que previene el estrés oxidativo celular y con ello, el efecto del paso del tiempo.

El Estudio de la relación de la actividad física y el envejecimiento con parámetros bioquímicos y antioxidantes en sangre, apoyado por el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo y financiado por el Centro Andaluz de Medicina del Deporte de la Junta de Andalucía, explica cómo se puede disminuir hasta un 15 por ciento el estrés oxidativo de las células en la población mayor cuando realiza un deporte de moderada intensidad.

“Es la primera vez que se muestra en humanos el efecto beneficioso del ejercicio físico en los niveles de coenzima Q10, utilizándose como terapia frente al descenso de la actividad antioxidante asociada con el envejecimiento y en la prevención de las complicaciones cardiovasculares o crónicas que lo acompañan”, explica Jesús del Pozo-Cruz.

Otro factor importante es reducir el estrés ya que tiene una influencia grave sobre el envejecimiento y el acortamiento de los telómeros. 

 

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