La importancia de la alimentación en la diabetes autoinmune

diabetes y alimentación

La glucosa es la principal fuente de energía de nuestro organismo. A través del torrente sanguíneo se distribuye por órganos y tejidos pero ¿qué sucede cuando esta energía no se distribuye de forma correcta? ¿Cómo afecta a nuestras funciones vitales?

La entrada de glucosa en el torrente sanguíneo está regulada por la insulina, una hormona que se produce en el páncreas. Este órgano es, por tanto, vital para nuestra supervivencia y sin embargo es uno de los que causa mayores problemas de salud a nivel mundial.

La diabetes es, en general, una enfermedad que define la incapacidad del páncreas de producir y controlar la producción de insulina. Esta patología está entre las siete primeras causas de mortalidad a nivel mundial, según la OMS. ¿A qué se debe esto? Existen diferentes tipos de diabetes y cada una se manifiesta por el conjunto de diferentes factores.

De hecho, la diabetes melitus es el tipo de diabetes que se caracteriza por una producción insuficiente de insulina (tipo 1a es una enfermedad autoinmune, la diabetes 1b es una enfermedad idiopática) mientras que la diabetes tipo II es una enfermedad metabólica que impide la utilización correcta del la insulina por parte del organismo y tiene más qué ver con el estilo de vida o el sobrepeso.

En cualquier caso, la alimentación es un factor determinante tanto para la prevención como para apoyar el tratamiento; la alimentación puede ayudarnos a controlar la entrada de glucosa en sangre y por tanto, compensar la deficiente producción o regulación de la insulina.

Y en concreto ¿Cómo puede ayudar la alimentación en la diabetes autoinmune?

La alimentación en el tratamiento de la diabetes autoinmune

La diabetes autoinmune – diabetes 1a- es una patología que surge porque el páncreas es dañado por las propias células defensivas del organismo. El nivel de glucosa en la sangre aumenta porque el páncreas pierde su capacidad de producir insulina.

Esta acumulación de sangre en el organismo, hiperglucemia, puede llegar a dañar diferentes órganos – riñones, pies, ojos, corazón y arterias, sobre todo – y por eso es tan importante controlar esta enfermedad. Al tratamiento farmacológico que se basa en el suministro de insulina, podemos ayudar con la regulación de la alimentación y unos hábitos saludables.

Como en otras enfermedades autoinmunes, hay una predisposición genética a padecer la enfermedad pero no se conocen las causas de su origen. No obstante, al tratamiento regulador con insulina, hay que acompañarlo de un tratamiento de las causas de la enfermedad, con una visión integral como la que tenemos en Biosalud Day Hospital.

Los factores fisiológicos, el estilo de vida y los factores emocionales deben cooperar para tratar esta enfermedad que requiere cuidados y un control diario periódico – hay personas que tienen que medir sus niveles de insulina en sangre varias veces al día-.

Pautas para la alimentación de la persona diabética

Además del control de insulina, el colesterol y los triglicéridos en sangre y la presión arterial, son factores importantes a tener en cuenta a la hora de elaborar una dieta adecuada para la persona con diabetes.

El dato que nos dice la capacidad de un alimento para llevar más o menos glucosa a nuestro organismo es el índice glucémico – una cifra que se obtiene comparando esta capacidad con la de la misma cantidad de glucosa -. Si este índice supera el 70, se considera un índice glucémico alto.

  • La primera pauta relacionada con la alimentación es la eliminación de la dieta de los azúcares de absorción rápida, todos aquellos que son añadidos a los alimentos. Nuestra recomendación es que la alimentación sea lo más natural posible, eliminando todos los procesados. Si nos fijamos en las etiquetas de los productos envasados que adquirimos en una tienda de alimentación, la mayor parte llevan azúcares añadidos.
  • Los hidratos de carbono de absorción lenta, sin embargo, también elevan la glucosa en sangre pero de una forma más lenta: las verduras y las legumbres y, en menor medida, las patatas o la pasta, son recomendables. En cualquier caso, siempre hay que seguir una pauta médica en la dieta.
  • La diabetes es un factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares. Así, hay que tener cuidado con las ingesta de grasas y alimentos de origen animal, desde la carne roja a los embutidos con alto contenido en grasa o incluso la mantequilla.
  • El consumo de alcohol también debe ser moderado o restringirse si así nos lo indica un especialista.
  • También debemos controlar el consumo de productos “dietéticos”. Por si mismos no son mejores ni peores y, de hecho, son alimentos procesados que pueden contener fructosa, una sustancia con alto poder endulzante y que por tanto, se utiliza en menor cantidad pero su metabolismo es como el del azúcar.

Como puede observarse, las pautas de alimentación como parte del tratamiento, deben establecerse dentro de un protocolo integral de tratamiento e incorporarlas dentro de los hábitos de cada persona.

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