Alergia provocada por la enzima DAO

Una alergia o intolerancia puede causar muchos problemas. Con un análisis adecuado, podemos saber si los síntomas coinciden con algunos problemas de salud específico como e déficit o la sobreactividad en alguna enzima. Cada vez se controla más es enzima DAO, la cual puede provocar una alteración en el metabolismo de la histamina alimentaria.

La enzima DAO ES una de las enzimas con las que «hacemos» la digestión y que metaboliza la histamina. Actúa como una hormona neurotransmisora cuya función principal es la regulación de la producción de ácidos gástricos, además de contribuir a nivelar el ritmo biológico del sueño y controlar las ganas de comer. Sin embargo, está relacionada con problemas alérgicos cuando se descompensa o no funciona con normalidad.

¿Cómo se obtiene la enzima DAO?

La obtención de esta sustancia se realiza gracias a dos procesos dentro de tu organismo. La histamina endógena tiene un trabajo regulador en el cuerpo y actúa de forma específica. La creas tú. Por contra, la exógena la obtienes mediante algunos alimentos y la expulsas de forma natural a través de la orina (metabolizada por la enzima DAO).

¿Cuál es el problema si no funcionan bien las enzimas DAO?

Si no producimos o metabolizamos la histamina con regularidad a causa de un déficit en la enzima que la trabaja, se acumula en la sangre una gran cantidad de esta sustancia proveniente de lo que ingerimos a diario. Esto puede ser causa de alergias e intolerancias de diversas índoles, entre las que destacan las relacionadas con la alimentación o la piel.

Intolerancia y problemas de salud asociados a un déficit o sobreactividad

Cuando las histaminas no se están metabolizando de forma correcta, puedes comenzar a notar diferentes sintomatologías. Entre las más frecuentes, podemos destacar las siguientes:

· Dolor de cabeza intenso (casi un 90 % de los pacientes con déficit lo sufren).

· Problemas en la digestión (cólicos, vómitos recurrentes, etc.).

· Dificultades a la hora de respirar (sensación de falta de aire).

· Dolores musculares y fatiga corporal.

Otro aspecto que se ha observado en los últimos estudios es que muchos pacientes con TDA (trastorno por déficit de atención) experimentan un nivel bajo de la enzima DAO. Sin embargo, todavía se están realizando estudios sobre este tema para buscar posibles causas e intentar ofrecer soluciones a los pacientes que presentan un déficit de DAO en sus análisis.

Algunas de las cosas que puedes hacer si sufres alguno de estos problemas son:

· Alimentación adecuada. Cuantos menos productos cargados en histamina exógena consumas, mejor te vas a encontrar. Tu sangre no acumulará tanta histamina y, en consecuencia, esta circulará mejor. Evita los quesos (semicurados o curados), las grasas, los alimentos procesados o prefabricados, el alcohol y algunos alimentos ricos en histamina, como, por ejemplo, el pepino, la berenjena, el tomate o la col.

· Suplementación. Esta alimentación extra puede ayudarte a aumentar tu nivel de DAO. Se trata de un complemento nutricional que únicamente ha de contener la enzima que te falta o de la cual estás carente. En ningún caso sustituye a los alimentos, solo ayuda a que los metabolices de la forma correcta.

En definitiva, no olvides que es importante hacerte reconocimientos de salud de forma periódica que te ayuden a buscar soluciones a posibles problemas. Mediante una analítica de sangre, como las que podemos hacer con Biosalud Análisis puedes obtener la información que necesitas para poner fin a las consecuencias negativas sobre tu organismo de una alergia o una intolerancia. Por este motivo, vigila tu alimentación y fíjate en los criterios profesionales a la hora de cuidarte. ¡Vivirás más sano y más feliz!

Gluten, la proteína que nos hace sentir incómodos

El gluten es una proteína que cada vez rechazan más personas. Lejos de ser una moda, lo cierto es que muchos alimentos causan molestias y poco a poco, pueden afectar a nuestro sistema inmunitario.

Las vacaciones, la falta de tiempo para cocinar o los propios hábitos alimentarios, pueden poner en peligro nuestra salud. Muchas personas se encuentran mal y no saben por qué pero manifiestan unos síntomas y molestias que, sin ser muy limitantes, incomodan en el día a día.

Pero ¿sabemos de dónde viene este malestar? Cada día más se manifiesta la intolerancia al gluten como una condición de nuestra época y, aunque no es siempre la respuesta a nuestras molestias, sí que debemos asegurarnos de que es esta proteína la que nos está complicando la vida.

Estas molestias por el consumo de gluten se pueden acentuar después de las vacaciones si hemos comido fuera de casa muchos días seguidos, hemos incrementado el consumo de cerveza, fritos, bocadillos o snacks procesados. Sin embargo, lo que realmente nos hace daño poco a poco, es el consumo diario y reiterado de gluten, aunque sea en pequeñas cantidades.

Debemos precisar, por otra parte, que la intolerancia al gluten no es lo mismo que la enfermedad celíaca. De hecho, se nombra como sensibilidad al gluten no celíaca para diferenciarlo de la enfermedad autoinmune, más peligrosa para la salud.

La sensibilidad al gluten se detectó hace unos 50 años pero no fue hasta 2011 cuando se empezó a investigar de forma más intensa. Y es que, el número de casos en la sociedad occidental se incrementa cada año.

Síntomas de la intolerancia al gluten

La intolerancia al gluten puede provocar unos síntomas compatibles con los de otras patologías o un malestar que consideramos transitorio pero al que llegamos a acostumbrarnos. El dolor de cabeza o de estómago, pueden llegar a formar parte de nuestro día a día, pero no debería ser así. Estos son los síntomas que nos indican que podemos padecer intolerancia al gluten.

  • Síntomas digestivos: diarrea, estreñimiento; dolor abdominal; distensión abdominal y náuseas.
  • Síntomas extradigestivos: dolor de cabeza; fatiga, ansiedad; dolor de articulaciones y dolor muscular o depresión.

¿Cómo podemos detectar si tenemos sensibilidad al gluten no celíaca?

Una vez conocida la historia clínica del paciente, lo primero que tenemos que descartar es que haya una celiaquía o una alergia al trigo. En ambos casos los análisis son determinantes y, en el caso de ser positivos, se debería aplicar un tratamiento que, en cualquier caso, pasaría por eliminar el gluten o el trigo de nuestra dieta.

Si hemos descartado las alergias y nuestro estado de salud mejora unos meses después de alejarnos del gluten, podemos decir que tenemos sensibilidad a esta sustancia.

Por otra parte, existen análisis específicos que nos pueden ayudar con el diagnóstico. Con Biosalud en Tu casa puedes comprobar tu estado de salud sin salir de casa:

  • Análisis FoodINT: detecta las intolerancias alimentarias que no podemos hallar con la observación; los síntomas de una intolerancia pueden aparecer incluso días después de haber ingerido el alimento.
  • Análisis FoodGEN: determina si nuestro rechazo a algún alimento tiene causas genéticas.
  • Análisis de neuropéptidos de gluten y caseína: análisis de sistancias ante las que podemos reaccionar. No son proteínas sino unas moléculas que se relacionan con el control de dolor y la ingesta o de los mecanismos nerviosos de control del aprendizaje y la memoria.

¿Qué alimentos contienen gluten?

Hacer la compra en el supermercado puede ser un proceso lento y desesperante ya que la mayor parte de los alimentos procesados, contienen gluten, y los preparados específicos sin gluten – panes, galletas y dulces, pasta o bases para pizza – ofrecen poca variedad y encarecen el coste de la cesta de la compra. Nuestro consejo es seguir una alimentación natural, preparada en casa que nos aporte calidad de vida.

En general, todos los alimentos que contienen algún tipo de harina de cereal, contienen gluten. El trigo, el centeno, la cebada, la espelta o el kamut son los cereales que debemos evitar, igual que todas las harinas derivadas de estas sustancias. Sin embargo, encontramos arroz, sarraceno, quinoa o maíz, cereales cuyos derivados son saludables para una personas son sensibilidad al gluten o enfermedad celíaca.

Hoy en día, la variedad de harinas para la cocina es muy extensa, incluso podemos cocinar con harina de diferentes tipos de legumbres.

Por otra parte, las carnes y pescados, los frutos secos la fruta y la verdura no contienen gluten por si mismos. Sin embargo, un mínimo procesado del alimento nos obliga a consultar la composición del preparado que compramos. Por ejemplo, tenemos que mirar el etiquetado de mermeladas; purés y cremas de verdura; embutidos y preparados cárnicos; verduras ultracongeladas; levaduras químicas; especias preparadas; cacao en polvo y otros tipos de chocolate y la cerveza y las bebidas azucaradas, entre otros.

El verano y las consecuencias que puede provocar en la piel


Una de las cosas que más nos gusta del sol es el bronceado que nos deja en la piel. A muchas personas les hace verse mejor. Pero debemos controlar la exposición al sol, sobre todo si tenemos enfermedades de la piel.

Las enfermedades de la piel pueden afectarnos todo el año. De hecho, hay muchos factores implicados en su aparición, muchos expertos afirman que la piel es el órgano más afectado por los aspectos emocionales de nuestra vida.

Lo cierto es que el sol puede agravar algunos síntomas de estas enfermedades de la piel pero no solo eso, el cloro de la piscina, el cambio de alimentación o la relajación en vacaciones después del estrés, pueden afectarnos.

Enfermedades que empeoran en verano y tratamiento

A continuación, vamos a enumerar una serie de enfermedades que con el sol empeoran y son perjudiciales para nuestra salud:

  • Rosácea: es una afección de la piel que provoca enrojecimiento y vasos sanguíneos visibles en la cara. También pueden aparecer pequeñas protuberancias rojas. Esta afección aparece en pieles extremadamente sensibles y uno de los factores que la empeoran es la luz solar. Esta enfermedad no tiene cura, aunque existen tratamientos dermatológicos (cremas hidratantes o emulsiones especializadas) que ayudan a controlarla y reducir las molestias que provoca.
  • Dermatitis seborreica: provoca la formación de escamas y enrojecimiento en las zonas más grasosas de nuestro cuerpo. En verano, es una afección que suele empeorar, pues se ve afectada por la sudoración, el cloro de las piscinas y la utilización de gorros o gafas. Para tratarla se suelen usar productos suavizantes que ayudan a hidratar y proteger la piel.
  • Hongos: pueden aparecer tanto en las uñas de los pies como en la propia piel. El calor y la sudoración hacen que nuestras prendas de vestir retengan mucha humedad, algo que ayuda a los hongos a desarrollarse. En el caso de los hongos en las uñas de los pies, también favorecen su aparición que caminemos por ambientes húmedos o excesivamente cálidos. En los de la piel, lo más eficiente es usar una crema especializada con efecto antimicótico. Para los hongos de las uñas, el médico suele recetar medicamentos antifúngicos que se toman vía oral o se aplican directamente en la uña.
  • Manchas en la piel provocadas por el sol: después de exponerse sin protección solar a los rayos ultravioleta, es posible que aparezcan en la piel varios tipos de manchas. Las hay de color blanco que salen a causa de una alergia producida por el sol y otras que tienen formas irregulares y son de color oscuro. Ambos tipos de manchas contribuyen al envejecimiento cutáneo e incluso pueden influir en nuestra autoestima. Estas manchas son complicadas de eliminar, así que lo mejor es utilizar un protector solar adecuado cuando vayas a estar expuesto demasiado tiempo al sol.

Además, si padeces alguna alergia cutánea, 


debes mantener unas pautas y tener cuidado con los alérgenos a los que eres mas sensibles.

En cualquier caso, debemos ser muy cuidadosos a la hora de tomar el sol o acudir a las piscinas. Es muy importante protegernos bien con protección solar y darnos una buena ducha de agua dulce después de haber estado en contacto con el agua de las piscinas o del mar.

 

Intolerancia a la lactosa, un problema de la evolución humana

La intolerancia a la lactosa es un problema de salud que tiene que ver con nuestra evolución como especie y el lugar en el que hemos vivido. De hecho, a nivel mundial, lo raro es ser tolerante a la lactosa.

Entre el 30 y el 50 por ciento de la población europea es intolerante a la lactosa. La sensibilidad a la proteína de la leche, se distribuye no obstante de manera peculiar: es mayor conforme viajamos del norte al sur del Viejo Continente y la “culpa” la tiene una enzima, la lactasa.

El cuerpo humano deja de producir esta proteína cuando termina el periodo de lactancia. De esta forma, la leche materna solo está disponible para los pequeños que la necesitan. Esto ha sido así de manera evolutiva, cuando crecemos, nuestro intestino deja de producir lactasa. Esta característica genética de la especie humana tiene excepciones ya que la evolución humana permitió que, gracias a una mutación genética, miles de personas pudieran comer lácteos, su única fuente de alimentación animal.

Imaginemos un entorno carente de productos agrícolas y con un escaso ganado ¿qué comían antes, lo productos derivados de la leche o al ganado? Así sucedía en los países del norte de Europa hace miles de años, donde la tierra fría no permitía los cultivos. Si salimos del continente europeo, vemos como esta intolerancia puede alcanzar casi al 100 por cien de la población en las zonas más al sur de Latinoamérica, África y Asia.

Los síntomas de la intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa tiene síntomas de intensidad variable. De hecho, muchas personas nunca llegan a saber que son intolerantes a la lactosa y otras, reaccionan casi de forma alérgica. Aunque la intolerancia no es una alergia.

Algunos de los síntomas más comunes son: gases y flatulencias, retortijones, hinchazón de estómago, sensación de mal estar, cansancio, problemas cutáneos, nerviosismo,….. Todos estos síntomas vienen derivados de la ingesta de alimentos que contienen lactosa.

¿Cómo podemos saber si somos intolerantes a la lactosa?

Alimentos tales como queso, yogures, helados,…. son algunos ejemplos de productos que la contienen. Pero no son solo los derivados de la leche, la lactosa puede estar presente en carnes y embutidos, snacks, galletas, sopas de sobre y preparados similares o en productos elaborados con harinas procesadas.

La lactosa es un azúcar presente en la leche de los mamíferos y está formado por dos moléculas, galactosa y glucosa. A muchos alimentos procesados se les añade éste azúcar y que, por lo tanto, también pueden provocarnos los síntomas citados anteriormente. Por eso es tan importante leer el etiquetado de los alimentos y evitar procesados.

Pero si sabemos que la lactosa puede provocar estas reacciones, ¿por qué se utiliza para la producción de alimentos? La industria alimentaria conoce todos los secretos de la química que permite la conservación de alimentos e incluso su atractivo. Por ejemplo, en los embutidos la lactosa favorece la fermentación y oculta el sabor desagradable de otras sustancias añadidas para la producción; aporta sabor a los snacks o textura a las sopas y purés envasados.

En numerosas ocasiones no identificamos los síntomas de intolerancia a la lactosa con la alimentación. Si seguimos una dieta variada, ingerimos todo tipo de sustancias y moléculas y puede ser difícil saber si el alimento que nos está provocando las molestias es uno u otro.

Por otra parte, las molestias leves que sentimos pueden no suponer un problema y nos acostumbramos a vivir con esos síntomas. Y además, la intolerancia se pude adquirir con el tiempo.

En este sentido, tenemos que diferenciar entra la intolerancia primaria o hereditaria la intolerancia adquirida. La primera es la más común y la que viene determinada por nuestra genética. De hecho, esta intolerancia es un síntoma hereditario y se puede transmitir a los miembros de la familia aunque solo se presenta cuando pasan los años, conforme disminuye la actividad de la lactasa.

Si no es hereditaria, la intolerancia a la lactosa puede haberse adquirido con los años y, en muchas ocasiones, relacionada con una operación y patologías como la enfermedad de Crohn o la enfermedad celíaca.

Sin embargo, dejar de consumir lácteos no es algo que deba hacerse a la ligera: la lactosa contiene vitamina D, ayuda a absorber el calcio y refuerza el sistema inmunológico. En cualquier caso, si somos intolerantes a la lactosa, hay mucho que podemos hacer por recuperar la funcionalidad de nuestro organismo y reducir la sensibilidad a este azúcar, por ejemplo, con un tratamiento natural como los que desarrollamos en Biosalud Day Hospital.

Llega la primavera ¿Cómo afecta a tu salud?

La primavera tiene dos caras: mejora nuestro bienestar y estado de ánimo y, al mismo, tiempo, está asociada a patologías y molestias muy concretas. Te contamos qué factores pueden afectar a tu estado de salud en esta época.

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