Aditivos alimentarios, todo lo que necesitas saber

Los aditivos alimentarios están en controversia con el auge de la comida natural. Seamos defensores o detractores, lo cierto es que están presentes en la compra que hacemos cada día.

La primera vez que se utilizó la sal como medio de conservación fue en China, hace unos 4.000 años. Al menos es la primera vez que encontramos documentada y desde entonces, la importancia de este aditivo se tradujo en rutas comerciales, obras de ingeniería o el desarrollo de sofisticados métodos de extracción. Gracias al uso de la sal, los alimentos podían conservarse y transportarse sin perder su inocuidad.

La seguridad de los alimentos para el consumo humano fue el primer objetivo del uso de los aditivos pero el desarrollo de la industria alimentaria y las demandas de los consumidores, han llevado a este sector al uso de aditivos para hacer más atractivos los alimentos.

Como define la Organización Mundial de la Salud, los aditivos alimentarios son sustancias que se añaden a los alimentos para mantener o mejorar su inocuidad, su frescura, su sabor, su textura y su aspecto. Podríamos decir que la sal o el azúcar son los aditivos más primitivos que conocemos y los más utilizados, y eso que la lista de aditivos que se utilizan hoy en día es larga, puedes descubrirlo en la normativa europea, es posible que nadie haya tenido la paciencia hasta ahora de contarlos.

Lo que sí sabemos es que el uso de aditivos es un sector muy regulado y solo están autorizados aquellos que se consideran inocuos en función de unas dosis máximas de uso establecidas por una comisión, el Codex Alimentarius y que evalúa un comité de expertos formado por técnicos de la FAO y de la OMS. A esta autorización se suma la regulación, más concreta, de la Unión Europea para cada aditivo y determina:

  • El nombre o referencia del aditivo
  • Los alimentos a los que no se pueden añadir aditivos y a los que sí
  • Las condiciones de uso de los aditivos
  • Los aditivos que no pueden venderse a los consumidores directamente

 Aunque la OMS divide los aditivos entre aromatizantes, preparadores de enzimas y “otros aditivos”, una clasificación basada en sus funciones o propiedades nos ayuda a comprender mejor el alimento que comemos. La Unión Europea describe 27 clases funcionales de aditivos. En general, se dividen entre aquellos que:

  • Mejoran la textura del alimento, su consistencia y aspecto: emulsionantes, estabilizadores o antiapelmazantes
  • Mejoran o conservan su valor nutricional: vitaminas y minerales
  • Conserva la salubridad del alimento: antioxidantes y conservantes
  • Controlan el equilibrio ácido/base o ayudan a la fermentación
  • Cambian el color y el sabor del alimento: curcumina, clorofilas, amarillo de quinoleína, carotenos, sorbitoles o sacarinas, entre otros.

¿Cómo reconocer los aditivos?

Como consumidores, tenemos la responsabilidad de saber lo que compramos. Sin embargo, por mucho empeño que pongamos en la lectura de las etiquetas, no es fácil saber qué hay detrás. La identificación básica de todos los aditivos es la letra E seguida de un guión y un número de tres o cuatro cifras. De estas cifras, la primera indica el tipo de aditivo si es colorante (identificado con el número 1) o un conservante (identificado con el número 2), por ejemplo.

En general, los espesantes o los estabilizantes y los gelificantes, son aditivos de origen natural pero también hay aditivos sintéticos como el ácido benzoico y el ácido sórbico y sus funciones son sobre todo de conservación.

Por otra parte, hay alimentos que nunca deben llevar aditivos. Son los llamados “alimentos no elaborados” y son aquellos que no han sufrido un proceso de modificación sustancial. Por ejemplo, limpiar, triturar, picar, deshuesar, ultracongelar y congelar, partir o moler. Además, no llevan aditivos los siguientes alimentos:

  • Miel
  • Aceites y grasasa de origen animal o vegetal, no emulsionaodos
  • Mantequilla y suero de mantequilla
  • Leche y nata pasteurizadas sin aromatizar y productos lácteos fermentados sin aromatizar
  • Agua mineral y todas las aguas embotelladas o envasadas
  • Café, extracto de café y té en hojas sin aromatizar
  • Pasta seca
  • Azúcar

Por otra parte, hay alimentos en los que no se permite la presencia de un aditivo colorante. Además de los citados anteriormente, encontramos los quesos curados y frescos, los hueves, harinas, pastas alimenticias, verduras y legumbres, pescados y confituras, entre otros.

Si queremos valorar en el momento de la compra el producto que nos llevamos a casa, tenemos aplicaciones móviles que podemos descargar de manera gratuita. Algunas, como Yuka, utilizan un sistema sencillo de “semáforo en función de la composición, el valor energético, los azúcares o la presencia de aditivos bajo sospecha. Otras aplicaciones como My Real Food analizan la lista de ingredientes y la información nutricional además de proponerte un estilo de vida. En general, este tipo de aplicaciones se basan en el concepto de “comida real” que rechaza cualquier alimento procesado y cargado de aditivos.

En Biosalud Day Hospital somos defensores de la comida natural, no solo como estilo de vida, sino como parte de los tratamientos personalizados. En ocasiones, la dieta que acompaña a un tratamiento es muy estricta y siempre elimina el azúcar y los alimentos procesados de la comida, al tiempo que incorpora alimentos eco que han recibido cantidades mínimas de insecticidas o repelentes.

¿Por qué hay controversia en torno a los aditivos alimentarios?

Se dice que el origen de la desconfianza que tenemos hacia los aditivos está en la lista de Villejuif, una lista de aditivos que se anunciaron como peligrosos sin ninguna evidencia, ya que la lista había sido confeccionada por un trabajador de una empresa de refrescos de la localidad francesa para manchar la imagen de la marca.

Lo cierto es que la lista de aditivos permitidos va evolucionando conforme se estudia el efecto a largo plazo de estas sustancias en el organismo. Ni siquiera hay un consenso entre países sobre la inocuidad de algunas de estos aditivos. Sucede, por ejemplo, con los antioxidantes. 

El verano y las consecuencias que puede provocar en la piel


Una de las cosas que más nos gusta del sol es el bronceado que nos deja en la piel. A muchas personas les hace verse mejor. Pero debemos controlar la exposición al sol, sobre todo si tenemos enfermedades de la piel.

Las enfermedades de la piel pueden afectarnos todo el año. De hecho, hay muchos factores implicados en su aparición, muchos expertos afirman que la piel es el órgano más afectado por los aspectos emocionales de nuestra vida.

Lo cierto es que el sol puede agravar algunos síntomas de estas enfermedades de la piel pero no solo eso, el cloro de la piscina, el cambio de alimentación o la relajación en vacaciones después del estrés, pueden afectarnos.

Enfermedades que empeoran en verano y tratamiento

A continuación, vamos a enumerar una serie de enfermedades que con el sol empeoran y son perjudiciales para nuestra salud:

  • Rosácea: es una afección de la piel que provoca enrojecimiento y vasos sanguíneos visibles en la cara. También pueden aparecer pequeñas protuberancias rojas. Esta afección aparece en pieles extremadamente sensibles y uno de los factores que la empeoran es la luz solar. Esta enfermedad no tiene cura, aunque existen tratamientos dermatológicos (cremas hidratantes o emulsiones especializadas) que ayudan a controlarla y reducir las molestias que provoca.
  • Dermatitis seborreica: provoca la formación de escamas y enrojecimiento en las zonas más grasosas de nuestro cuerpo. En verano, es una afección que suele empeorar, pues se ve afectada por la sudoración, el cloro de las piscinas y la utilización de gorros o gafas. Para tratarla se suelen usar productos suavizantes que ayudan a hidratar y proteger la piel.
  • Hongos: pueden aparecer tanto en las uñas de los pies como en la propia piel. El calor y la sudoración hacen que nuestras prendas de vestir retengan mucha humedad, algo que ayuda a los hongos a desarrollarse. En el caso de los hongos en las uñas de los pies, también favorecen su aparición que caminemos por ambientes húmedos o excesivamente cálidos. En los de la piel, lo más eficiente es usar una crema especializada con efecto antimicótico. Para los hongos de las uñas, el médico suele recetar medicamentos antifúngicos que se toman vía oral o se aplican directamente en la uña.
  • Manchas en la piel provocadas por el sol: después de exponerse sin protección solar a los rayos ultravioleta, es posible que aparezcan en la piel varios tipos de manchas. Las hay de color blanco que salen a causa de una alergia producida por el sol y otras que tienen formas irregulares y son de color oscuro. Ambos tipos de manchas contribuyen al envejecimiento cutáneo e incluso pueden influir en nuestra autoestima. Estas manchas son complicadas de eliminar, así que lo mejor es utilizar un protector solar adecuado cuando vayas a estar expuesto demasiado tiempo al sol.

Además, si padeces alguna alergia cutánea, 


debes mantener unas pautas y tener cuidado con los alérgenos a los que eres mas sensibles.

En cualquier caso, debemos ser muy cuidadosos a la hora de tomar el sol o acudir a las piscinas. Es muy importante protegernos bien con protección solar y darnos una buena ducha de agua dulce después de haber estado en contacto con el agua de las piscinas o del mar.

 

Omega 3, los ácidos grasos que controlan tu estado de salud

Ningún elemento por si solo mantiene la salud de nuestro cuerpo pero sí que puede ser esencial para el funcionamiento del organismo. Los Ácidos grasos Omega – 3 son uno de ellos ¿quieres saber por qué?

Si hay un elemento que cuida nuestra estructura cuerpo- mente, ese es el Omega -3. Estos ácidos grasos son eso, unas grasas saludables que contienen algunos alimentos y que debemos incluir en nuestra dieta.

Detrás de este nombre de película de ciencia ficción encontramos unas grasas poliinsaturadas que pueden ser alfa linolénico (ALA), el ácido eicosapentanóico (EPA) y el docosahexanoico (DHA). Si nos vamos a la nomenclatura de química orgánica estaríamos hablando, por ejemplo, de ácido linolénico ha recibido tradicionalmente el nombre de 9,12,15-octadecatrienoico. Unas denominaciones difíciles y poco memorables que, por estrategias de marketing pasaron a llamarse Omega-3.

Desvelado el primero y más superficial de los secretos del Omega -3, tenemos que mencionar la llave más natural y saludable de alcanzar unos niveles adecuados de este elemento: la dieta mediterránea. El aceite de oliva, el brócoli, las sardinas, el atún o las anchoas son algunos de los alimentos que contienen Omega-3. Aunque todos conocemos los beneficios de una de las dietas más saludables en todo el mundo, cada vez más nos alejamos de ella. La moda, el precio de los alimentos o el estilo de vida nos conducen a otro tipo de alimentación.

¿Cómo puedes saber si tienes niveles bajos de Omega-3?

En un análisis de sangre podemos extraer los niveles de los dos ácidos Omega-3 más importantes:  EPA (acido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico). Si ambos están a un nivel por encima del 7,5% respecto a todos los ácidos grasos presentes en la sangre, se considera que estamos en unos niveles aceptables. Por debajo de eso, incrementa el riesgo de padecer desde falta de sueño hasta enfermedad cardiovascular.

Además del análisis, hay otros signos que nos indican niveles bajos de Omega-3 como la piel seca, el cabello débil o las uñas frágiles y quebradizas. Si estos ácidos grasos, nuestra piel no absorbe algunos nutrientes que ayudan a mantenerla lustrosa. Lo mismo sucede con los folículos pilosos que acogen estos ácidos grasos y fortalecen el cabello- Además, el Omega- 3 ayuda a reducir la inflamación cutánea, también del cuero cabelludo y previene la caída del pelo.

Los problemas de sueño, la falta de concentración y el cansancio también pueden ser síntomas de un nivel bajo de Omega-3, así como los dolores en las articulaciones ya que, como hemos mencionado antes, estos ácidos grasos tienen propiedades antiinflamatorias.

Existen en el mercado análisis específicos de ácidos grasos como los de Biosalud Day Hospital. Esta prueba, que puedes hacer desde casa, puedes medir la forma en la que metabolizas los alimentos y encontrar la causa de carencias de vitaminas y otros componentes necesarios para el correcto funcionamiento del organismo.

¿Qué consecuencias tiene para nuestra salud una dieta pobre en ácidos grasos?

El riesgo para la salud más conocido en relación con el Omega -3 es el de enfermedad cardiovascular. Es decir, el Omega-3 en niveles adecuados ayuda a prevenir el infarto o la presión arterial pero solo en personas sanas. Las personas con una patología coronaria no van a recuperarse gracias al Omega-3 sino que requieren otro tipo de tratamientos. Lo mismo sucede con la población que tiene riesgo de enfermedad cardiovascular por otros motivos.

Además, los ácidos grasos protegen frente a la arterioesclerosis y bajan los niveles de colesterol “malo” que podamos tener en el organismo. El Omega-3 también ayuda a disminuir la presión arterial.

Unos bajos niveles de EPA y DHA también afectan a nuestra capacidad cognitiva. En personas mayores con unos niveles adecuados de Omega-3, se ralentiza la pérdida de volumen cerebral y por lo tanto, del envejecimiento cerebral y deterioro cognitivo. Se estima en dos años el tiempo que podemos mantener un nivel de memoria y capacidad de razonamiento. Los estudios, además han demostrado la relación entre el volumen de Omega-3 en sangre y el volumen del área del hipocampo, una parte del cerebro clave en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Las propiedades antiinflamatorias se han puesto en evidencia al relacionarlas con una menor incidencia de la artritis reumatoide, como explicamos en este artículo.

Las mujeres embarazadas también deben prestar atención a sus niveles de Omega -3. Este ácido graso tiene beneficios para la madre gestante y para el bebé. Para la primera, ayuda a prevenir la depresión post parto. Además, reduce el riesgo de parto prematuro y favorece el desarrollo del bebé: su sistema nervioso periférico central, su sistema visual e incluso su sistema inmunológico, con la prevención de alergias o patologías y síntomas de origen inflamatorio.

La importancia del sueño para la salud

En nuestro estilo de vida actual “no hacer nada” parece difícil. Sin embargo el sueño no solo es necesario sino que es uno de los hábitos que debemos mejorar para garantizarnos una buena salud integral.

¿Qué papel ocupa el descanso en tu vida? ¿Te vas a la cama al límite de la actividad o te preparas poco a poco para el descanso? En ocasiones el sueño se considera más que una necesidad, una obligación. Nos faltan horas en el día y solo dormimos porque estamos agotados pero actuar así es una equivocación: actuamos en contra de nuestra salud.

Muchas personas respetan su descanso y horas de sueño y no llenan de actividad su día o se quedan viendo series hasta tarde. Así consiguen levantarse bien y rendir durante el día. Y estas no son las únicas implicaciones del sueño reparador.

Mientras dormimos, nuestro organismo se encuentra en plena actividad -tanto es así que puede quemar en torno a 60 calorías cada hora- y los procesos biológicos se mantienen activos para reparar tejidos, restaurar funciones de nuestro organismo o equilibrar los procesos del sistema nervioso central, entre otras actividades.

Los riesgos de dormir mal –o poco – para la salud

Las fases 3 y 4 del sueño, conocidas por ser aquellas en las que el sueño es profundo, el metabolismo de la glucosa disminuye y el páncreas regula el nivel de insulina en la sangre por lo que dormir bien es especialmente importantes para las personas con diabetes.

Pero no solo eso, dormir bien también previene que padezcamos esta enfermedad. De hecho, la calidad del sueño influye en la secreción de leptina, una hormona saciante cuya regulación se asocia con la obesidad.

Dormir, además, cuida nuestro corazón. Influye en la presión arterial al aumentar el nivel de hormona del estrés en la sangre. Además, se relaciona con las posibilidades de sufrir una insuficiencia cardíaca. E incluso con un colesterol alto.

Quienes tienen problemas para conciliar el sueño la mayoría de las noches, tienen un 45 por ciento más de riesgo de padecer un infarto de miocardio que las personas que descansan desde que ponen la cabeza en la almohada.

El sistema inmunológico también depende del sueño ya que funciona en un ciclo luz/oscuridad. Una noche de insomnio activa este sistema y esto, a largo plazo, puede contribuir a la aparición de enfermedades inflamatorias y autoinmunes. Además, se considera que un sistema inmunitario que desarrolla sus procesos de forma óptima, nos protege mejor ante gérmenes y bacterias.

El mal humor no es la única consecuencia emocional de la falta de sueño. De hecho, dormir mal se relaciona con la depresión y la ansiedad ya que se liberan de forma constante hormonas del estrés.

En este repaso de patologías que podemos prevenir con un sueño reparador no podemos olvidar el envejecimiento prematuro. En este artículo explicamos cómo la menor secreción de melatonina acelera el envejecimiento de la piel y de las células del cerebro. Además, se disminuye la producción de colágeno natural dando a nuestra piel un aspecto más envejecido.

Dentro de los tratamientos de Biosalud Day Hospital te ofrecemos terapias para alcanzar un sueño de calidad y otras para reparar los efectos de dormir pocas horas o dormir mal, sobre la salud.

¿Qué podemos hacer para dormir bien?

El sueño es reparador cuando el cuerpo tiene capacidad para realizar sus funciones y no le pedimos que trabaje de más. Por eso, es importante evitar grandes ingestas de comida o el consumo de alcohol dos horas antes de acostarse. De hecho, cualquier alimento que nos cuesta más digerir o que nos resulta más “fuerte” debe eliminarse de la cena.

El consumo de estimulantes como el café o el té también debe controlarse. Cada persona sabe cómo le sienta y en qué momento del día debe para de consumir estas bebidas pero en cualquier caso, se recomienda evitarlas por la tarde y especialmente cuando se acerca la hora de dormir.

El ejercicio físico nos cansa y nos ayuda a dormir bien pero también activa nuestro organismo. Salir a correr o entrenar a última hora de la tarde o por la noche a una intensidad elevada, acelera nuestras pulsaciones y promueve la segregación de adrenalina. Por eso, tenemos que combinar dos factores: la intensidad del ejercicio y el tiempo que transcurre entre el final del entrenamiento y el momento de ir a dormir. Entonces ¿deporte? Sí, pero mejor a cualquier otra hora del día si hablamos de dormir bien.

La temperatura de la habitación y la ropa de cama o el pijama deben se confortables pero no agobiarnos de calor ni pasando un frío que no nos permitirá relajarnos. Si utilizas un buen edredón en invierno, no hace falta que mantengas puesta la calefacción y también es bueno bajar las persianas para evitar que la luz de la calle o los primero rayos de sol nos despierten antes de tiempo.

Y ¿qué ocurre con los dispositivos móviles? Lo último que miramos antes de cerrar los ojos y lo primero que vemos al abrirlos es nuestro teléfono móvil y no somos conscientes de que este hábito está perjudicando nuestra salud. Por no decir que el teléfono debería estar fuera de la habitación, o apagado, y las notificaciones silenciadas. Son “ladrones de sueño”.

La luminescencia de la pantalla puede engañar a nuestro organismo y alterar el ritmo de secreción de la melatonina, la hormona del sueño. Pero además, hacen que tardemos más en ir a dormir y altera nuestro ritmo de sueño.

 

El cuidado de la salud en 2021 y más allá

El año 2020 no solo ha sido el año del covid 19, numerosas enfermedades infecciosas se están propagando y la causa está en el cambio climático. Estos son algunos de los desafíos a los que nos enfrentaremos en 2021.

La pandemia provocada por el SARS –CoV-2 ha cambiado la vida a toda la humanidad; con más de 80 millones de personas afectadas directamente y casi dos millones de fallecidos, los cambios en nuestros hábitos de higiene y relación han sido necesarios, rápidos y profundos. Y debemos mantenerlos porque el riesgo de contagio todavía es muy elevado.

De todo lo aprendido, en Biosalud Day Hospital nos quedamos con ciertos hábitos que pueden ayudarnos a mantenernos sanos como es la buena higiene de manos o la protección con el codo al estornudar. Son gestos simples que valen mucho. Y más allá, la atención que estamos poniendo a nuestro sistema inmunitario, preocupados por mantenerlo en buen estado de salud.

La red de células, órganos y moléculas que forman el sistema inmunitario se extiende por todo el cuerpo. Esta defensa del organismo ha evolucionado durante millones de años y su regulación ante un ataque depende, entre otras, de las interacciones entre el sistema nervioso y el sistema endocrino. Por eso, cuando hablamos de hábitos que pueden fortalecer el sistema inmunitario, sabemos que el deporte, el nivel de sueño o la alimentación, son buenos para nuestras defensas. El estrés, por el contrario, lo debilita.

Pero 2020 no solo ha sido el año del Covid-19. Los fenómenos meteorológicos extremos han sido más numerosos que en cualquier otra época. El cambio climático tiene un impacto directo sobre poblaciones enteras, está aumentando la temperatura atmosférica y nos trae enfermedades. Especialmente patologías infecciosas.

El aumento de la temperatura de la tierra afecta especialmente a las personas de edad avanzada o a aquellas con patologías crónicas. El calor tiene consecuencias directas sobre su salud: se estima que en la Unión Europea, por cada grado que aumenta la temperatura media, aumenta la mortalidad entre un uno y un cuatro por ciento.

El calor también tiene gran incidencia en la modificación que está sufriendo la distribución geográfica de los vectores –aquellos animales que transmiten enfermedades como las garrapatas o los mosquitos- y se están detectando patologías infecciosas en zonas en las que antes no había presencia de estos insectos.

Un trabajo publicado recientemente en la revista PLoS ONE, coordinado entre la Université de Tours, la Universidad Autónoma de Barcelona y la Hannover Medical School, ha revelado que la mitad de la población no estamos sensibilizados sobre la relación entre cambio climático y concluye que, si somos sensibles a estar relación, estaremos más predispuestos a luchar contra el cambio climático.

El concepto de One Health sobre el que la Organización Mundial de la Salud está trabajando para mejorar la salud pública a nivel mundial, pone en relación la salud animal, la salud vegetal y el medio ambiente. Formamos parte de un todo y lo que hacemos sobre una de estas áreas, puede influir en las demás.

Hay quien opina que todavía tenemos margen para frenar el calentamiento global. Desde Biosalud Day Hospital, como especialistas en enfermedades infecciosas, sabemos que el primer paso es la prevención a nivel individual. Enfermedades como el Lyme ya son endémicas en muchas zonas de Estados Unidos y Europa y su incidencia aumenta porque las garrapatas se reproducen durante más tiempo y se desplazan en periodos más largos con las aves migratorias.

La enfermedad de Lyme es un gran desafío. Mucho hemos hablado en nuestros artículos de esta patología porque consideramos necesario que se conozca la forma en la que se transmite, el correcto diagnóstico y el tratamiento adecuado. Una picadura de garrapata puede paralizar la vida de una persona si se transmite la bacteria borrelia bugdorferi. Afectando a millones de personas en Europa, son pocos los especialistas en el diagnóstico y tratamiento de esta patología. Por eso en Biosalud atendemos a pacientes que provienen de todo el mundo.

El cambio definitivo de hábitos, vive saludable

La alimentación, el ejercicio, vivir en entornos limpios…sabemos que son factores determinantes de salud. Sin embargo, nos cuesta adquirir hábitos saludables de forma permanente.

Desde la Medicina Integrativa consideramos que para mantener un buen estado de salud son importantes los aspectos físicos, los ambientales y los emocionales. Todo influye en el sistema inmunitario y en nuestro enfoque diagnósticos tiene gran importancia en análisis de aquellos focos que interfieren en nuestra salud.

Cada día vemos más enfermedades crónicas -alergias, enfermedades autoinmunes y reumáticas- trastornos funcionales y síndromes relacionados con la sensibilidad a diferentes sustancias o fenómenos. Conocer el origen de la patología en cada caso, nos lleva a tratamientos complejos pero también sanadores.

Una vida saludable no solo implica seguir una alimentación equilibrada o hacer deporte. Estamos rodeados de insecticidas y herbicidas, metales pesados, interferentes endocrinos, hongos y otros elementos que contaminan el aire, nuestros alimentos o el agua y por tanto, afectan a nuestra salud.

LEER ALIMENTACIÓN, SALUD Y SULFITOS

Si bien es difícil salir de nuestro entorno para alejarnos de todo lo nos daña, es importante mantenernos conscientes de lo que nos rodea y elegir: moderar el consumo, leer las etiquetas de los alimentos que consumimos o desconectarnos con cierta frecuencia de los omnipresentes dispositivos electrónicos.

El deporte, 43 minutos al día

El cierre de gimnasios, las restricciones a la movilidad y la exigencia de la distancia social ha reducido el tiempo que dedicamos a la actividad física. Es decir, somos más sedentarios y esto ha alertado a la Organización Mundial de la Salud que pide que dediquemos más horas al deporte.

En concreto, la recomendación de la OMS para las personas adultas es la de dedicar entre 150 y 300 minutos al deporte. En torno a 43 minutos al día pueden ayudar a la prevención de enfermedades no transmisibles y no tienen por qué ser seguidos sino que cada minuto, cuenta.

En el caso de los niños y adolescentes, la exigencia es mayor, ya que se recomienda hacer ejercicio durante una hora a lo largo del día, como mínimo. Además, especifican que «convendría incorporar, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que refuercen, en particular, los músculos y huesos».

 

¿Cuáles son los primeros síntomas del alzheimer?

Uno de los síntomas del envejecimiento es la pérdida de memoria. Sin embargo ¿dónde está la línea entre unos síntomas normales del envejecimiento y una patología? El alzheimer es una de las enfermedades degenerativas que más preocupa y no tiene cura. Te contamos cómo puede afectarte y qué puedes hacer para vivir un envejecimiento saludable.

El Alzheimer es una enfermedad degenerativa, un tipo de demencia que afecta al sistema neurológico, especialmente de los mayores. Se estima, que entre el 3 y el 4 por ciento de las personas entre 75 y 79 años están diagnosticadas de esta enfermedad. Pero ¿podría detectarse antes? Estas son las señales que nos pueden alertar sobre esta enfermedad.

Primeros síntomas del alzhéimer

Los síntomas de Alzheimer se presentan en diferentes momentos y con diferente intensidad en función de la evolución. No obstante, hay indicios que nos pueden hacer sospechar en cuanto empieces a detectarlos de forma reiterada: cambios en el comportamiento y el estado de ánimo, dificultades comunicativas o motoras, problemas para orientarse o mantener la atención… Si estas cuestiones empiezan a afectar a la vida cotidiana de una persona o se detecta que se manifiestan con mayor frecuencia, es el momento de solicitar atención médica. La prevención es fundamental para tratar el problema a tiempo y frenar su evolución en lo posible.

Fase inicial o leve

En la primera fase aparecen los problemas para ejecutar correctamente las tareas laborales o domésticas. La persona afectada todavía es independiente y puede realizar las actividades básicas, si bien pueden requerir ayuda en las más complejas.

Los principales síntomas son:

Anomia (dificultad para denominar objetos o personas)

– Principio de apraxia (fallos en la coordinación)

Problemas de atención, concentración y memoria

– Picos de tristeza y ansiedad, cambios de humor repentinos

Fase intermedia o moderada

El proceso continúa en la etapa intermedia, donde la incapacitación todavía no es plena pero sí empezarás a percibir una incipiente pérdida de autonomía. Para actividades como hacer uso del móvil, comer o asearse necesitará ayuda de un tercero.

Los síntomas se recrudecen y acentúan:

– Mayores fallos en la memoria a corto plazo. Los recuerdos lejanos son más nítidos que los recientes. Pueden incluso manifestar dificultades a la hora de reconocer rostros familiares.

– Problemas para mantener conversaciones fluidas

– Fallos en la psicomotricidad

Desorientación espacio-tiempo y de índole personal

– Aparecen delirios y alucinaciones (sensación de robo, persecución o falso reconocimiento)

​- Insomnio

Alteración en el comportamiento

Fase final o grave

En este momento ya hay una dependencia absoluta del enfermo, cuyos síntomas se traducen en:

– Apraxia y afasia (incapacidad comunicativa, ya sea de forma oral, escrita o mímica)

Pérdida total de la memoria

– Inmovilidad

– Dificultad para controlar los esfínteres​​

Tratamientos integrativos para ralentizar el avance de la enfermedad

El alzhéimer es una enfermedad que no tiene un tratamiento curativo. Los pacientes tienen que ir aprendiendo estrategias para convivir con las crecientes dificultades y se pueden encontrar medios complementarios para que la calidad de vida paciente no se vea mermada de forma radical, existen tratamientos integrativos enfocados a disminuir los síntomas.

Las terapias no farmacológicas basadas en la estimulación cognitiva sirven para reforzar las capacidades presentes y proteger en lo posible las que ya se están viendo afectadas. Estos programas permiten dirigir mejor las alteraciones conductuales de los enfermos y pueden hacerse individualmente o en grupos.

Entre las actividades más habituales habituales la conocida como «orientación en la realidad», la musicoterapia o la reminiscencia. A través de la estimulación de los sentidos (como puede ser el caso de la música) se fomenta el recuerdo, se disminuyen las situaciones de irritabilidad, se mejora su ánimo y se fortalece su vínculo con el entorno.

En Biosalud, además, desarrollamos otro tipo de terapias complementarias para el tratamiento de las enfermedades degenerativas con los fundamentos de la medicina biológica.

Pero ¿qué sucede con la prevención del Alzhemer?

Desde este blog, ya informábamos de estudios que pondrían en relación el Alzheimer con la contaminación y con el estrés.

Aunque queda mucho por investigar, el tabaco o los factores de riesgo cardiovascular pueden influir en el Alzhemier. Se recomienda -siempre – una alimentación equilibrada y libre de azúcares y alimentos procesados, además del cuidado de la salud mental y desarrollo de las habilidades cognitivas.

**Este es un artículo de información general que en ningún caso sustituye una consulta o una opinión médica.

Descubre tu sistema inmunitario

Enfermedades, estilo de vida, genética, alimentación….son conceptos que se asocian al sistema inmune pero ¿qué conoces sobre la principal defensa de tu organismo? Te hablamos de este importante conjunto de órganos y células que forman una eficaz barrera.

Antes de nacer, nuestro cuerpo tolera las células extrañas a su propio organismo. Cuando se están formando nuestra piel, huesos e incluso nuestra capacidad de oír, llegan de forma constante proteínas y sustancias al feto a través de la placenta. En ese momento en el que tan delicados somos, el pequeño cuerpo ya se defiende. Y lo hace de forma más pacífica que un cuerpo adulto, ya que los linfocitos T reguladores no marcan el material extraño para atacarlo sino que tienen una respuesta adaptativa.

Cuando nacemos y nos hacemos mayores, nuestro cuerpo evoluciona pero el sistema inmunitario que nos defiende es, en su mayor medida, el resultado de esas nueve semanas de gestación y adaptación.

Una idea tan sencilla tiene detrás un complejo sistema de órganos, tejidos y células especializadas, los glóbulos blancos o leucocitos.

El hígado, en el feto, y la médula ósea, en los adultos, son los órganos primarios del sistema inmune. Ambos se encargan de la maduración de los linfocitos B. Los linfocitos T maduran en el timo, una glándula endocrina. Los linfocitos B y T son un tipo de glóbulos blancos que se encargan de la identificación de los antígenos a través de los anticuerpos y de reconocer lo extraño y atacarlo, respectivamente.

A los linfocitos B y T se suman los “natural Killer”, unos linfocitos capaces de destruir células infectadas por virus y células tumorales.

Los ganglios linfáticos, las amígdalas, las placas de Peyer, el bazo y los tejidos linfoides asociados a mucosas, son órganos secundarios que proporcionan el entorno que los linfocitos necesitan para su buen funcionamiento.

Los glóbulos blancos son las principales células defensoras del organismo y tienen diferentes especializaciones:

  • Los granulocitos circulan en la sangre y viajan a los tejidos durante la respuesta inflamatoria. Además, unidos a los monocitos, generan los precursores que salen de la médula ósea. Dentro de los granulocitos, los neutrófilos son las células que primero llegan al foco infeccioso y su eficacia, puede ser igual de destructiva para las células del propio cuerpo.
  • Los monocitos son macrófagos especializados que residen en el pulmón, el hígado , el riñón, el cerebro, los huesos, el bazo o los ganglios linfáticos.
  • Las células dendríticas cumplen una función súper especializada para activar e “instruir” a los linfocitos.
  • Los linfocitos reconocen y atacan las células extrañas.

El papel del ecosistema del intestino

El intestino es el órgano donde reside la parte más extensa del sistema inmunitario.

Por una parte, la microbiota intestinal se adhiere a la mucosa intestinal haciendo de barrera que impide que los agentes patógenos colonicen el intestino. La microbiota está formada por billones de bacterias con conviven en un equilibrio que la mala alimentación o el consumo de antibióticos.

El tejido linfoide alojado en el intestino, constituye la barrera protectora más importante: las placas de Peyer y los nódulos linfoides mesentéricos forman parte de este sistema en el que conviven también muchos tipos de células asociadas al sistema inmunitario.

Además, el epitelio intestinal también constituye una barrera protectora con una gran cantidad de células específicas.

>> CONOCE EL ESTADO DE TU SALUD INTESTINAL

¿Cuáles son las amenazas a nuestro sistema de defensa?

 Las bacterias y los virus, las toxinas, las células cancerígenas y la sangre y tejidos de otras personas, son amenazas para el organismo durante toda nuestra vida. Es posible que por si solas no provoquen enfermedades sino que se combinan con otros factores que hacen que a unas personas les afecten más o otras menos: nuestro estilo de vida o el ambiente en el que nos movemos, incluso el ambiente interno afectan a nuestra salud.

Sin embargo, el factor decisivo que condiciona nuestra respuesta inmune es el factor genético, que determina si nuestro sistema inmunológico es fuerte en condiciones normales.

El sistema de defensas del cuerpo humano también ha ido evolucionando. Mientras el riesgo de infección disminuye, las patologías inflamatorias y autoinmunes son cada vez más frecuentes. En un momento en el que un virus ha traído una pandemia mundial y cientos de miles de fallecidos, hablar de esta evolución en el tipo de patologías que padecemos, parece irrelevante pero lo cierto es que, en general, vemos cada vez más este tipo de enfermedades. 

 

¿Por qué no contraemos dos veces la misma enfermedad?

Nuestro sistema inmunitario son varios sistemas inmunitarios. El innato, el adquirido y el pasivo. La inmunidad innata es la que llevamos “de serie” cuando nacemos y está formada por un sistema de barreras que nos protegen.

Estas barreras son, entre otros, la piel, el reflejo de la tos, el moco…De una forma más precisa, esas barreras pueden ser citosinas, físico-químicas (piel , mucosas, cilios de la nariz y la tráquea…), células (fagocitos mononucleares y neutrófilos) y factores solubles (lisozima, moco, gérmenes de la vagina, la piel y el intestino, entre otros).

El sistema inmunitario adquirido se va formado por lo que llamamos “memoria inmunitaria” y complementa al sistema inmunitario innato. Cuando contraemos una enfermedad, es porque un agente patógeno ha entrado en contacto con nuestro organismo. A partir de ese momento, las células llamadas lifocitos B, generan anticuerpos que permanecen en nuestro organismo. Cuando el mismo microbio entra en nuestro organismo, nuestro cuerpo ya es capaz de reconocerlo y pone en marcha la respuesta inmune para defenderse.

Podemos decir que en el primer “ataque”, el agente patógeno pilla por sorpresa a nuestro organismo y lo ataca. Al mismo tiempo, nuestro sistema inmunitario se defiende y de ahí, por ejemplo, que tengamos fiebre. Gracias al desarrollo de los anticuerpos, si se produce un segundo ataque, ya hay un reconocimiento del agente extraño y el cuerpo puede actuar a tiempo. Por este motivo, hay enfermedades que solo contraemos una vez en la vida.

La inmunidad pasiva es la protección “prestada” como la que aportan la leche materna o las vacunas, por ejemplo.

Factores que debilitan el sistema inmunitario

Candidiasis intestinal. La infección por candida albicans desestabiliza el equilibrio de la microbiota intestinal. La candida es un hongo invasor que, además, se extiende desde el intestino a las mucosas de la boca, la piel o los órganos sexuales.

Esta enfermedad puede afectar a la permeabilidad intestinal, permitiendo que esta bacteria entre en el torrente sanguíneo.

Antibióticos. El uso de antibióticos puede tener un grave efecto secundario, puede eliminar las bacterias buenas de nuestro intestino. Más allá, se ha descubierto que el antibiótico puede afectar al microambiente de la infección, provocando cambios que protejan al patógeno bacteriano.

Envejecimiento. El envejecimiento también afecta al funcionamiento del sistema inmunitario: responde de forma más lenta para atacar al patógeno, y también en la curación. También disminuye la capacidad para detectar y corregir defectos celulares como los que originan los tumores.

Si bien el envejecimiento no se puede prevenir, sí que podemos actuar para que los efectos sobre nuestro sistema inmunitario sean más leves: el ejercicio físico, la alimentación, el control sobre el consumo de alcohol y tabaco son factores que pueden mantenernos nuestro sistema inmunitario más fuerte.

Factores psicológicos como el estrés o la ansiedad pueden debilitar nuestro sistema inmunitario y aumentar la posibilidad de padecer enfermedades inflamatorias o autoinmunes.

Qué mascarillas protegen contra el covid-19


Las mascarillas nos protegen del contagio de enfermedades e impiden que nosotros mismos contagiemos a otras personas. Pero no todas las mascarillas son iguales ni nos aislan igual frente a todas las enfermedades. Te contamos cuáles son las más eficaces contra el covid-19 y como debes usarlas cuando salgas de casa.

La cantidad de mensajes que estamos recibiendo desde el inicio del estado de alarma así como la terminología sanitaria que manejamos, pueden impedir que la información llegue de manera adecuada a la ciudadanía y que, en ocasiones, no sepamos cuál es la mejor forma de actuar. Desde Biosalud Day Hospital vemos que esto está sucediendo, por ejemplo, con el uso de las mascarillas durante la pandemia por el covid-19, así que queremos ayudaros a saber cuál es la mejor forma de protección.

En primer lugar ¿qué diferencias hay entre los diferentes tipos de mascarillas? El nivel de protección y la reutilización son dos factores importantes que debemos tener claros, llevemos la mascarilla que llevemos.

Antes de describir los tipos de mascarillas y sus características, aclaramos qué es el término FFP. FFP son las siglas de “filtering facepiece” o “máscaras que filtran” las partículas. El número se refiere al nivel de protección. Así, FFP1 tiene una baja eficacia frente a agentes infecciosos, FFP2 una eficacia media y FFP3 una alta eficacia. La certificación en cada uno de estos tipos se obtiene a partir de los ensayos realizados, y es independiente del diseño o del material utilizado para su fabricación.

Por otra parte, cuando leemos P1, P2 o P3, estamos ante una terminología que se refiere a la eficacia de los filtros, no de las mascarillas por lo que solo es aplicable a las mascarillas que llevan filtros incorporados.

TIPOS DE MASCARILLAS Y SUS CARACTERÍSTICAS

  • Mascarillas consideradas Producto Sanitario (PS)

Mascarilla quirúrgica: se usa para evitar la transmisión de agentes infecciosos por parte de la persona que la lleva puesta. Solo si lleva el Marcado IIR, puede proteger frente a salpicaduras de fluidos potencialmente contaminados.

Esta mascarilla no se ajusta de manera hermética a la cara. Además, es desechable y no reutilizable por lo que no se puede limpiar ni desinfectar. No se considera EPI (equipo de protección individual)  pero sí es PS (producto sanitario)

Mascarilla dual: esta mascarilla recibe el nombre de mascarilla autofiltrante o media máscara filtrante frente a partículas y se diferencia de la mascarilla quirúrgica en que protege frente a la inhalación de bioaerosoles, sólidos y líquidos. Es EPI (equipo de protección individual)  y puede tener certificado FFP1, FFP2 o FFP3, y PS (producto sanitario, como la mascarilla quirúrgica)

Esta mascarilla se ajusta de forma hermética con la cara de la persona portadora. No es reutilizable por lo que debe desecharse al salir de una zona contaminada o al terminar una determinada terea.

  • Mascarillas no PS

Mascarilla Autofiltrante o media máscara frente a partículas. Su apariencia es similar a la mascarilla dual pero esta no puede utilizarse en el ámbito sanitario, aunque sí es EPI. Esta mascarilla protege de la inhalación de partículas peligrosas a la persona que la lleva puesta. Según el Ministerio de Sanidad, proporciona un nivel aceptable de protección aunque hay que fijarse en su clasificación FFP1, FFP2 o FFP3.

Esta pieza deba ajustarse de forma hermética a la cara. Es desechable excepto las que van marcadas con una R, que son reutilizables para más de un turno de trabajo.

Mascarilla + filtro de partículas. Estas mascarillas llevan adheridos unos filtros muy reconocibles y protegen de la inhalación de partículas peligrosas a las personas que la llevan puesta por lo que son EPI. El filtro puede ser P1, P2 o P3 y el nivel de protección que proporcionan es aceptable. No obstante, no se consideran PS.

Esta mascarilla debe ajustarse herméticamente y hay que tener en cuenta que la mascarilla sí que puede limpiarse y desinfectarse pero los filtros, no.

Por otra parte, nos encontramos con la mascarilla higiénica. El Ministerio de Sanidad considera que no están diseñadas para proteger de ningún riesgo por lo que no se recomienda para situaciones que impliquen la exposición a agentes peligrosos. No son PS  ni EPI. En este caso ¿Cómo deben ser las mascarillas que estamos haciendo en casa?

Hay que tener en cuenta que estas mascarillas son más bien “cubre bocas” aunque su confección debe estar dentro de unas características que desde el propio Gobierno facilitaron:

  • Una pieza rectangular con pliegues para que cubra desde la nariz hasta la barbilla y gomas o tiras para atar que ajusten bien la mascarilla a la cara-
  • Uno de los elementos más importantes es la tela: se recomienda el uso de Tejido no Tejido (TNT: textile non-tissé) convencional de 50-60 g/m2 o con un espesor de 0,3 -0,5 mm. Una de las usadas para curas es la mezcla de 50% viscosa 50% poliéster. Este tejido tiene gran capacidad de absorción y se usa en gasas para curas o, esterilizadas, como gasa en cirugía. El TNT convencional es biocompatible con la piel sana de las personas. Una de las características importantes para este caso es su poder de absorción. Hay otros materiales alternativos pero ¿dónde los encontramos? En la guía publicada por el Gobierno también sugiere proveedores.

El problema está en la accesibilidad de materiales. Las mascarillas que muchas personas, de forma voluntaria, están confeccionando en su casa, se hacen con materiales cercanos como las telas de algodón, por ejemplo. Pero ¿Sirven estas mascarillas para algo?

Los expertos coinciden en que protegen más que si no llevamos, sobre todo para evitar la difusión de las gotitas que expulsa la persona portadora. Sin embargo hay que tener cuidado porque llevar estas mascarillas nos puede dar una sensación de seguridad que es falsa: debemos seguir atendiendo a todas las medidas de higiene y distanciamiento de la misma forma.

Por otra parte, estas mascarillas deberían esterilizarse después de cada uso.

Un estudio publicado en 2013 en la revista “Disaster Medicina and Public Health Preparedness” de la Universidad de Cambridge, establece el nivel de efectividad de los tejidos domésticos como barrera protectora frente a una bacteria  (Bacilus atrophaeus) de entre 0,93 y 1,25 micras y un virus (Bacteriophage MS) de 0,023 micras. El tipo de tela más efectivo (ver tabla) es el de la mascarilla quirúrgica,  seguido del filtro de las bolsas del aspirador y de los paños de cocina.

Medicina Biologica Biosalud homemade masks

¿Es relevante el tiempo que llevamos la mascarilla? Ni el Ministerio de Sanidad ni la Organización Mundial de la Salud hacen referencia al número de horas que es conveniente llevar una mascarilla para que mantenga o no su eficacia. En este sentido, vemos que esto depende de las cualidades de la mascarilla y del uso o exposición que tengamos al covid-19.

Es importante seguir las indicaciones de higiene para el uso de mascarilla y las medidas generales de higiene

Las indicaciones del Ministerio de Sanidad para un uso correcto de la mascarilla son:

  • Lávate las manos antes de ponerte la mascarilla
  • La mascarilla debe cubrir nariz, boca y barbilla
  • Debes evitar tocar la mascarilla mientras la llevas puesta
  • Si la mascarilla no es reutilizable, deséchala cuando esté húmeda y en cualquier caso, después de su uso
  • No toques la parte delantera de la mascarilla al quitártela, Hazlo por la parte de atrás y lávate las manos cuando la hayas retirado

Por otra parte, es importante saber que la mascarilla NO SUSTITUYE ninguna otra medida de higiene y de prevención del contagio recomendadas por las autoridades sanitarias.

El tratamiento del dolor y la calidad de vida

El dolor puede tener diferentes orígenes, venir de repente o acompañarnos siempre. Pero hay formas eficaces de librarnos de las molestias, solo tenemos que encontrar la causa del dolor y aplicar un tratamiento adecuado.

“Me duele las espalda ¿qué puedo hacer? He bajado a la farmacia a por un medicamento pero no remiten las molestias” “Tengo un analgésico en casa pero no sé cuánto tengo que tomar” “No entiendo por qué en la farmacia no me dan algo más fuerte”. Seguramente muchas personas hemos tenido estas reflexiones al buscar una solución para el dolor y no hemos obtenido respuesta en nuestro entorno.

Los medicamentos de venta libre, especialmente los analgésicos nos permiten tratar el dolor puntual y leve sin necesidad de una receta médica. Probablemente esto ha contribuido a su abuso en el consumo y ha extendido el concepto de “automedicación”, una práctica que no aporta eficacia a los tratamientos y sin embargo, sí puede tener efectos secundarios adversos.

El problema no es el uso puntual sino que nos acostumbremos a medicarnos ante un dolor recurrente y convivamos con esta molestia que “va y viene” sin acudir a un especialista que determine su causa y nos ayude a encontrar el origen del dolor y actúe para mejorar nuestra calidad de vida. 

Lo primero que queremos aclarar es el uso que debe darse a los principales analgésicos de venta sin receta. Aunque como especialistas en medicina biológica somos defensores de otro tipo de tratamientos, lo cierto es que muchas personas recurren a ellos cuando sufren un dolor puntual y consideramos que es importante conocerlos.

Aunque siempre se hace referencia al uso indistinto entre paracetamol, ibuprofeno y Aspirina (nombre comercial del ácido acetil salicílico), lo cierto es que el analgésico más vendido en España es el Nolotil, la marca más conocida que contiene metamizol, un principio activo que se usa para el tratamiento del dolor agudo o moderado y que puede servir de antipirético cuando otro tipo de componentes no funcionan. Con más de 22 millones de cajas vendidas en 2017, las autoridades sanitarias recuerdan que este medicamento solo debe venderse con receta, para tratamientos cortos y con controles por el riesgo de agranulocitosis, una reacción adversa poco frecuente pero grave.

Es importante conocer los efectos de los medicamentos y consultar con tu especialista

Tanto el Nolotil como el paracetamol en dosis de un gramo o el ibuprofeno en dosis de 600 gramos están sujetos a prescripción médica desde hace años. Sin embargo, no ha sido hasta hace unos meses cuando las autoridades sanitarias han tomado medidas y obligan a las farmacias a ceñirse a los formatos de venta libre cuando se acude sin receta. ¿Por qué se ha tenido que recurrir a este “endurecimiento”? Porque ningún medicamento es inocuo. Más allá de aliviar el dolor, que lo hacen, tienen efectos secundarios y no todos sirven para todas las personas. Sin embargo, no siempre somos conscientes de estas consecuencias sobre nuestro organismo.

El paracetamol actúa sobre el cerebro, sobre nuestra percepción del dolor y no en la zona dañada. Una de sus ventajas es que no afecta al estómago pero puede afectar al hígado y al nivel de transaminasas, así como provocar hipotensión o hipoglucemia. Incluso hay estudios que indican que su consumo puede reducir los niveles de empatía hacia las otras personas.

El ibuprofeno es analgésico y antiinflamatorio eficaz sobre el que debemos tener precauciones. La Organización Mundial de la Salud advierte que puede agravar las infecciones previas del paciente y comporta riesgo en los casos de enfermedades cardiovasculares (su ingesta habitual, incrementa en un 31 por ciento las probabilidades de padecer un paro cardíaco). Otras complicaciones pueden derivar en fiebre, problemas respiratorios y otros relativos al hígado.

La aspirina tiene como principal efecto adverso la hemorragia digestiva, pero es poco frecuente cuando se consume en bajas dosis.

En cualquier caso, si acudimos a especialistas antes de tomar medicamentos, nos aseguramos de que se valoran tanto el beneficio como el riesgo de tomar unos u otros medicamentos y podemos consumirlos en condiciones de mayor seguridad. En este artículo encontramos más detalles sobre las características de los pacientes y los analgésicos de venta libre.

Podemos añadir que tanto el paracetamol como la Aspirina y el Ibuprofeno, tienen efectos antipiréticos aunque es el paracetamol la sustancia que más se utiliza y se recomienda como primera opción específica para el tratamiento sintomático de la fiebre.

Tratamiento del dolor sin efectos secundarios

El dolor agudo no es igual que el dolor crónico. Por ejemplo un Lyme tratado a tiempo puede ser liviano para el paciente, pero si se alarga en el tiempo el diagnóstico, el paciente toma medicamentos creyendo que su afección es otra, incurriremos en un Lyme crónico muy tedioso para el paciente. El primero responde a una lesión puntual como puede ser una cirugía o un golpe. El segundo, tiene más que ver con la inflamación de los tejidos y tiene una duración de más de tres meses. La buena noticia es que el dolor agudo responde bien a los analgésicos si se toman de forma adecuada y durante un tiempo determinado.

Pero hay más: el dolor crónico también puede desaparecer o, al menos, rebajarse y permitir a los pacientes llevar una vida normalizada. La respuesta está en la medicina biológica y en su compromiso por encontrar la causa de las enfermedades, el origen de los síntomas, y por activar las fuerzas curativas del organismo.

Si hablamos del origen del dolor, es probable que no se encuentre en el mismo punto en el que sentimos la molestia. Por ejemplo, un dolor de espalda puede estar originado por una tensión en la mandíbula y una hernia discal provocar dolor en toda la pierna. ¿Qué tratamos? ¿El síntoma o el origen del dolor? Después de estudiar cada caso, lo idóneo es diseñar un tratamiento personalizado con técnicas específicas poco invasivas y sin efectos secundarios. 

Desde nuestra perspectiva, influyen en el dolor los aspectos fisiológicos, los emocionales y los ambientales. La nutrición influye de manera decisiva en nuestro organismo y por eso debe formar parte también de un tratamiento contra la inflamación y el dolor. Entre los alimentos más recomendados para aliviar el dolor muscular, por ejemplo, se encuentran el café y el cacao (en dosis moderadas), el jengibre y la cúrcuma, los huevos o las espinacas. Además, para evitar la inflamación y el dolor que conlleva, aconsejamos eliminar de la dieta el azúcar refinado, los alimentos procesados, los lácteos y las carnes rojas, al menos durante una temporada.

La importancia de tener los niveles de aminoácidos correctos


Los aminoácidos son unas sustancias químicas fundamentales en nuestro organismo ya que se combinan para formar las proteínas. Además, son esenciales para diferentes funciones corporales vitales y pueden influir incluso en el estado de ánimo.

Nuestro cuerpo es una compleja máquina que requiere de diferentes sustancias para mantener su actividad. Algunas de estas sustancias las produce nuestro organismo y otras las encontramos en la alimentación. Esto es lo que sucede con los aminoácidos, sustancias esenciales para formar las proteínas y mantener otras funciones biológicas.

Lo cierto es que es importantísimo mantener unos niveles óptimos de aminoácidos en nuestro organismo porque si no lo hacemos, estamos expuestos a sufrir graves enfermedades derivadas de ello: desde los sistemas inmune y digestivo, nervioso y reproductivo, se pueden ver afectados. Las cataratas, trastornos del sueño, el estrés o la depresión son solo algunas de las enfermedades vinculadas a la falta de niveles correctos de aminoácidos.

Existen dos tipos de aminoácidos: los aminoácidos esenciales, que son los que debemos ingerir a través de la dieta ya que nuestro organismo lo los genera y, sin embargo, están en la base de algunos de nuestros procesos vitales; y los aminoácidos no esenciales, que son aquellos que sí que pueden ser sintetizados por nuestro organismo a partir de otras sustancias.

Aminoácidos esenciales y los alimentos en los que los encontramos

Los nueve aminoácidos esenciales, sus funciones y los alimentos en los que podemos encontrarlos son:

  • Histidina: desempeña un papel crucial en el desarrollo del crecimiento y la reparación de los tejidos. Ayuda a la eliminación de metales pesados de nuestro organismo y es importante en el tratamiento de la artritis reumatoide o de la anemia.

Alimentos en los que encontramos la histidina: arroz, vegetales de hoja verde aunque sus fuentes principales son de origen animal – huevos, lácteos y carne.

  • Lisina: papel importante en la absorción del Calcio y en el metabolismo del Nitrógeno. Es esencial en la formación del colágeno y reduce los niveles de triglicéridos.

Alimentos en los que encontramos la lisina: leche desnatada, soja, carne de pavo y pollo, guisantes, maíz o huevo.

  • Metionina: este aminoácido ayuda a evitar la acumulación de grasa en el hígado y las arterias para prevenir la obstrucción del flujo sanguíneo.  Evita problemas en cabello y uñas y en personas que sufren esquizofrenia suele aparecer déficit de este aminoácido.

Alimentos en los que encontramos la metionina: los mariscos, la carne de res y los huevos son los alimentos de origen animal que nos proporcionan metionina. Además, las nueces, la soja y las alubias son fuente de este aminoácido.

  • Triptófano: aminoácido cuyo déficit suele ir acompañado de situaciones de estrés, insomnio, ansiedad, depresión, hiperactividad,… Es muy importante mantener unos niveles correctos  ya que tiene un papel clave en el estado de ánimo.

Alimentos en los que encontramos el triptófano: los huevos, la carne de pavo y de pollo y los pescados azules, dentro de los alimentos de origen animal. Los frutos secos, el plátano, el aguacate o las semillas también constituyen una buena fuente de triptófano.

  • Fenilalalnina: este aminoácido es un precursor de los neurotransmisores tyrosina, dopamina, epinefrina y norepinefrina. Juega un papel fundamental en la estructura y funcionamiento de protenínas y enzimas y en la producción de otros aminoácidos.

Alimentos en los que encontramos la fenilalalnina: además de la carne, los lácteos y los huevos, encontramos fenilalanina en los espárragos, cacahuetes, garbanzos y lentejas, entre otros. La fenilalanina está presente en los dulces, las bebidas refrescantes y los alimentos dietéticos con edulcorante artificial.

  • Valina: es uno de los llamados aminoácidos ramificados por las características de su estructura molecular. Ayuda a estimular el crecimiento y la regeneración muscular y está implicado en la producción de energía. Además, protege el sistema nervioso, ayuda a equilibrar los niveles de azúcar en sangre y a regular el sueño.

Alimentos en los que encontramos la valina: carne de ave, lácteos –especialmente el requesón- y huevos. En cuanto a los alimentos de origen animal, la valina está presente en el arroz integral, los cacahuetes, la levadura de cerveza o el melocotón, entre otros.

  • Treonina: este es un aminoácido de vital importancia para el buen funcionamiento de las funciones hepáticas. Además, es una parte principal de la estructura del colágeno o la elastina. Es importante también porque contribuye a la formación de anticuerpos, fortalece el sistema inmunitario protegiéndonos contra virus o bacterias.

Alimentos en los que encontramos la treonina:  lácteos, huevos y carne, sobre todo de conejo, pavo, pollo y cerdo, además de las vísceras. Encontramos también treonina en verduras como el brócoli, berenjena, cebolla o calabaza, en rutas como plátanos, fresas y piña y en el arroz, en los garbanzos o la avena.

  • Leucina: es otro de los aminoácidos fundamentales para la síntesis de las proteínas y la regeneración muscular. Además proporciona energía a los órganos y los músculos. Se dice que es el aminoácido esencial para el deporte y puede imitar a la insulina ayudando al azúcar a entrar en las células.

Alimentos en los que encontramos la leucina: carnes rojas, queso –especialmente el parmesano- los huevos y el pescado –salmón, atún, caballa o mero – las legumbres y cereales como trigo, avena o cebada.

  • Isoleucina: una alta concentración de este aminoácido está presente en el tejido muscular y es fundamental para la activación del metabolismo muscular. Además es importante para el sistema inmune, la producción de hemoglobina y la regulación de energía.

Alimentos en los que encontramos la isoleucina: lácteos y huevos, además de carne de cordero, ternera, pollo y pavo. Los alimentos de origen vegetal ricos en isoleucina son las algas marinas, el arroz integral, los cereales integrales, la levadura de cerveza o los frutos secos.

Algunos de los aminoácidos no esenciales más importantes

  • Taurina: este aminoácido se encarga de ayudar a fortalecer el músculo cardíaco y previene la degeneración macular. Su papel más importante reside en que es un componente muy importante de la bilis y por lo tanto ayuda en la digestión de las grasas. En nuestra experiencia, suele ser un aminoácido que casi siempre aparece en niveles inferiores a los necesarios.
  • Glicina: aminoácido que ayuda a frenar la degeneración muscular, ayudando a la regeneración de tejidos dañados.

Muchas de las enfermedades que existen hoy en día, están relacionadas con déficits en los niveles de aminoácidos en el organismo. Por ello, debemos asegurarnos de que los mantenemos en niveles correctos. Lo importante no es ir a tratar los síntomas, sino las causas.

¿Cómo puedo saber si mis niveles de aminoácidos son los correctos?

En Biosalud®, gracias a nuestra dilatada experiencia de más de 30 años en la medicina biológica. Hemos desarrollado el análisis de orina AMINOACIDSCHEK ORINA mediante el cual gracias a una muestra de orina tomada a primera hora de la mañana, podremos saber nuestros niveles de aminoácidos y las carencias de ellos relacionadas con los principales procesos metabólicos de nuestro organismo. Además, en función de las carencias de cada persona, su altura y su peso, elaboramos una receta para suplir las carencias de cada persona y asegurar unos niveles de aminoácidos correctos.

Puedes realizar esta prueba desde tu domicilio gracias a BIOSALUD EN TU CASA. Te llevamos el kit para las pruebas y recogemos las muestras. Después de unos días, recibirás el resultado en tu correo electrónico.