Plasma rico en plaquetas para controlar el dolor y la inflamación en la artrosis de cadera

artrosis de cadera y PRP

La artrosis de cadera afecta al día a día de los pacientes como ninguna otra dolencia ya que inmoviliza, no permite andar. Con PRP podemos controlar el dolor y la inflamación.

La cadera soporta el peso de nuestro cuerpo y, sobre todo, nos da movilidad: nos permite sentarnos y caminar al alojar la cabeza del fémur en una cavidad que le permite moverse en diferentes direcciones. Al mismo tiempo, los huesos de la cadera forman la pelvis.

Toda esta estructura está recubierta de cartílago, el tejido que protege a los huesos del constante roce entre sí, evita el desgaste y las lesiones y facilita el movimiento. Pero ¿qué sucede cuando algo falla? Las lesiones y la falta de movilidad son muy frecuentes.

Por una parte, encontramos una alta incidencia de las fracturas de cadera relacionadas con la osteoporosis y afecta a 7 de cada mil habitantes mayores de 65 años en España. Si las fracturas afectan a los huesos, la artrosis afecta al cartílago y pone en riesgo la salud ósea. Esta, la artrosis, es otra de las patologías de cadera más frecuentes, afecta al 7,4 por ciento de la población mayor de 60 años en España.

¿Cuáles son las causas de la artrosis de cadera?

La osteoartritis de cadera es una enfermedad crónica de la que no se puede determinar una causa específica. Sin embargo, sí que podemos encontrar diferentes factores de riesgo que influyen en el cartílago que reviste los huesos de la cadera.

Los especialistas buscan una relación entre los hábitos de vida y la aparición de la artrosis a partir de los 60 años. La obesidad, traumatismos previos e incluso factores hormonales pueden estar detrás de esta patología.

  • Uno de los factores de riesgo es la densidad mineral ósea: a mayores niveles, mayor probabilidad de padecer artrosis en la cadera, y menor riesgo de fractura. Esta densidad ósea se mantiene también en la descendencia. De hecho, se cree que los factores genéticos están detrás del 50 por ciento de casos de artrosis.
  • Por otra parte, la artrosis de cadera, si bien es una enfermedad con mayor incidencia entre los hombres, se convierte en una patología femenina después de la menopausia, con una progresión más rápida.
  • La obesidad conlleva una serie de alteraciones metabólicas que se asocian a la artrosis. Por ejemplo, la obesidad en la adolescencia o el síndrome metabólico se han identificado como factores predisponentes, así como la hipertensión asociada a la obesidad. También influye el peso y con una dieta se puede disminuir hasta en un 14 por ciento la artrosis de rodilla y, en niveles más elevados, los factores reumáticos.
  • Las personas que trabajan de pie y quienes han sufrido una fractura previa, también viven con mayor riesgo de desarrollar artrosis de cadera.

El dolor, primer síntoma de la artrosis de cadera

La artrosis de cadera es una patología de evolución lenta pero no debemos dejar de atenderla y es importante reconocer los primeros síntomas. El cartílago es un tejido que no tiene capacidad de repararse pero si frenamos la evolución de la enfermedad y aplicamos un tratamiento adecuado, podemos devolver a los pacientes la calidad de vida.

El dolor en la zona de la ingle, aunque sea leve, es muy característico en esta patología. Cuando el cartílago pierde su grosor o desaparece, el fémur roza directamente con la pelvis provocando inflamación y dolor. En las fases iniciales de la enfermedad, este síntoma aparece con el movimiento pero con la evolución, puede sentirse incluso en reposo.

Además del dolor, los pacientes ven limitadas sus actividades poco a poco ya que el dolor de cadera limita directamente la movilidad de las personas.

Este dolor en la zona de la ingle es el principal síntoma pero esta sensación puede aparecer en otras zonas: la parte anterior del muslo hasta la rodilla, irradiación por toda la pierna o en la nalga. Al estar localizado en diferentes zonas y pudiendo confundirse la artrosis de cadera con la de rodilla, los especialistas suelen hacer estudios en los que analizan ambas articulaciones.

Otros síntomas pueden ser cierta rigidez matutina en la articulación, dificultad para cruzar las piernas, problemas al caminar, al levantarse y sentarse. Menos frecuente pero más grave, es el crecimiento anormal del hueso como reacción a la artrosis. Los llamados osteofitos son picos de masa ósea que se forman en el hueso y son dolorosos ya que rozan con otros tejidos y limitan la movilidad.

Tratamiento con PRP para la artrosis de cadera 

El tratamiento de la artrosis de cadera se puede abordar desde varios ángulos para mejorar la calidad de vida de los pacientes. El ejercicio físico y el mantenimiento de un peso adecuado, son factores ayudan en gran medida. Por otra parte, a veces se hace inevitable tratar con analgésicos por el dolor constante al que se enfrentan los pacientes.

Los tratamientos más eficaces son aquellos que permiten regenerar el cartílago articular y reducir la inflamación de los tejidos.

Dentro de las terapias biológicas, el tratamiento con plasma rico en plaquetas PRP es una de las más sencillas y eficaces y su aplicación depende de la gravedad de la patología y el nivel de deterioro del cartílago.

El PRP por si solo disminuye la inflamación y el dolor y no tiene efectos secundarios ya que el paciente recibe una terapia preparada desde su propio organismo, con una sencilla extracción de sangre. Si a esto sumamos otros factores que potencian la capacidad de bioestimulación del tejido, la terapia con PRP multiplica sus efectos.

Dado el nivel de especialización de esta terapia, más completa, es menos frecuente encontrarla: la aplicación de ozono o proteínas citoquinas, añadidos como complemento a los factores de crecimiento, son terapias que requieren una gran capacidad técnica.

La ozonoterapia requiere una aparatología médica y una gran experiencia para la aplicación de las cantidades terapéuticas de ozono. Por su parte, las citoquinas son liberadas por las propias plaquetas pero requiere un proceso adecuado para su activación y funcionamiento en condiciones similares a las que lo hace dentro del propio organismo de manera normal.

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